Comenzamos el XXX aniversario de la III Sagardo-Bira yendo a la sidrería de Gipuzkoa más alejada de Donostia (en dura pugna con Oiharte, en Zerain (1km más alejada pero 10 minutos más cercana).
Asistentes: Edu y Nesss. Excusan su asistencia Susi e Hilario la víspera, por los problemas que les creó la borrasca Kristin en la propia provincia de Valencia, la nieve les obligó a dar la vuelta en la autopista antes del salir de Valencia.
Tren desde Hernani hasta Beasain, con un antiguo compi de Nesss en la FISS. Edu se maravilla de que un viaje de casi una hora cueste menos de 2 euros (precios Lurraldebus). Bajamos en Beasain, foto para Goyo. Ante la ausencia de nuestro bus en la maldita pantalla de desinformación, confirmamos con una chófer del bus GO04, que se dirigía a Ordizia, que es ella quien nos llevará hasta la sidrería. Aprovechamos para recargar la Mugi de Edu en un Kutxabank e intentar acercarnos al Casco de Beasain por hacer tiempo en los 20 minutos que esperamos al bus. Luego descubriremos que no hay tal casco viejo. Volvemos y pillamos el bus correcto, con volumen brutal de la megafonía, como para cogerlo todos los días un par de veces. El recorrido río (Agauntza) arriba atraviesa Lazkao, el Downtown de Ataun (no llegamos a ver el frontown, ni bocadillos de atown, jejeje) y los numerosos barrios que componen la localidad hasta que, ya solos en el bus, de repente para, da la vuelta y nos avisa que ya estamos en la sidrería. La despedimos mientras deshace el camino y cruzamos el puente. A un lado, unos perros nos saludan ladrando; al otro, un montón de gatos retozan alegremente. Edu casi va directo al pabellón de embotellado con el nombre de la sidrería, pero se alegra cuando ve que es el caserío que teníamos al lado, entre el río principal y el afluente (Ur bi tarte, en euskera, entre dos aguas).
De comer, pedimos menú clásico a la camarera joven. Aperitivo de un bocado de txistorra a la sidra, seguido de tortilla de bacalao, pequeña pero bien alta (y jorobada), con bien de bacalao y picantillo, pero ausencia total de espinas; sabía mucho mejor de lo que parecía (e hicimos bien en beber hasta que dejara de quemar). Luego dos tacos pekes de bacalao frito, más bien crocante, con capa de Yosune, estoooo, de pimientos verdes en aros, y sendas patatas chip con salsa de pimiento rojo, sin cebolla, ración justa pero muy rica, y aqui sí que se adelanta Edu en el marcador espinoso, con una unidad, siendo superado posteriormente por Nesss con dos. Le pedimos la habitual pausa hasta la txuleta, porque aún eran las 14:50 y tenemos que estar aqui hasta cuando venga el bus de vuelta a las 17:00 obligatoriamente (por cierto, que cerraban el turno de comidas a las 18:00, más tarde de lo habitual). La txuleta, de 960 gr, lomo bajo (tras investigar, con hueso en L), viene ya cortada, con ausencia casi total de tocino; la carne igual un poco más hecha de lo que nos gusta pero estaba jugosa aunque mas tersa que otras txuletas que acostumbramos, con más tocino y hueso pero también más tiernas; aun así, nos metimos una buena ración y no sufrimos lo más mínimo; por cierto, el pan muy rico y de varios tipos. Edu usa todo su poder para partir el hueso asimetricamente y roemos como ratas dejándolo mondo y lirondo, ni perdonamos la carne junto a la escasa esquina que tenía, que estaba buena también. De postres, renegamos de la tarta de queso y vamos a lo clásico, aunque lo sirven en plan moderno: tabla de 3 tipos de queso, dos escasos triángulos de cada, excepto el queso azul del que había solo un trozo por la imposibilidad de triangularizarlo sin descojonarlo, cestito de nueces, un trozo algo escaso trozo de dulce de manzana, curiosamente acompañada de pan tostado. Tras rechazar cafes y chupitos, por declararnos no drogadictos, pagamos 91,49€, practicamente 46€ cada, que a pesar de estar por encima del precio medio, consideramos justo por lo rica que estaba la comida (no quedamos con hambre tras la txuleta) y el gran número de kupelas abiertas a nuestra disposición, y que todas ellas (y esto es más raro) estuvieran muy bien de sabor.
Pequeña polémica al comienzo con la camarera joven, nosotros apartando bancos y sillas y ella poniéndonos mas sillas, hasta que aclaramos que comeríamos de pie. Tras pillar las primeras enganchadas de tortilla de bacalao, se nos acercan de la mesa de las dos parejas para pedirnos permiso y fotografiar nuestra tortilla, ya que ellos se trapiñaron la suya antes de fotografiarla. Sin entrar en disquisiciones sobre la ética de fotografiar una tortilla distinta a la que te comiste, nos pareció tan curioso que no solo le dimos permiso sino que ya nos hicimos colegas. La cosa no quedó ahí, porque al volver de las kupelas de fuera tras avisarnos que ya nos habían sacado el bacalao frito, cazamos al fotógrafo inmoral reincidiendo en fotografiar nuestro bakalao, ¡no podíamos creer que de nuevo se comieron el suyo sin fotografiarlo!. De hecho, también comieron txitxarro (que sacaban en modo pez completo) y nos rogaron pedir txitxarro también nosotros para fotografiar el nuestro por la misma razón de siempre. Hay que ver que saque tienen los de Beasain-Sabiñánigo... Susto de Edu al volver de fuera y confundir el contrapeso de la puerta con una rata trepadora.
La puerta cercana a nuestra mesa, con cartel de prohibido el paso, fue abierta por la txotxera para que kataramos de dos kupelas (una de nombre Konke), de las cuatro que hay. Nos sorprende la fotografía mural en blanco y negro, con explicación detallada debajo de los personajes, tomada en Berriz en 1936. Estando fuera bebiendo (además de darnos cuenta que el vaso serigrafiado en blanco de Edu había mutado en rojo en algún momento, debido a algún trueque), aparece el dueño Demetrio al que conocen las dos parejas, habituales de Urbitarte, aprovechamos para preguntarle por la foto pero resulta que no eran parientes sino simplemente una foto antigua de una exposición. Al final, solicitamos probar la kupela cerrada de fuera o la que veíamos a lo lejos en el pabellón de arriba, pero la rumana nos niega dos veces, accediendo, eso sí, a repetir visita a la sala cerrada para aclarar si el beasaindarra estaba en lo cierto con que una de aquellas no le gustó la sidra, comprobando posteriormente que no estuvo acertado en su juicio inicial. Tras pagar, aprovechamos la bolsa de la compra de Nestor para llevarnos los restos de nueces y panes. Fuimos los últimos en salir, una vez más, y porque ya era la hora de coger el bus reservado.